Melián: «La democracia es una fuerza calificada por la fuerza de la ley y la legalidad»

Vivimos en una sociedad con temor, con temor al castigo. Castigo arribado más desde la “organización” del poder, que del propio jefe. Contrario a nuestros ancestros, que se organizaban a través de un jefe tribal quien, al vencer,  imponía su poder y sembraba el temor al castigo. Por siglos fue así, hasta que las comunidades comenzaron a organizarse y determinaron que en las sociedades no era admisible cualquier fuerza. Esa fuerza debería ser calificada por otro ímpetu superior: la ley, la legalidad, que tenían como misión equilibrar el fenómeno del poder.

O sea que la democracia, además de ser el gobierno del pueblo, tiene controles, pone límites, a través de constituciones, estatutos, reglamentos, cartas orgánicas, etc., de manera que el juego político sea distributivo y no una fuerza concentrada. Cuando esto se da en una sociedad, o sea cuando se arraiga la ley y la legalidad, es cuando más se acerca al ideal político. ¿Y cuál es el ideal político en una democracia? Nada menos que cuando la ley y la legalidad se convierten en un valor colectivo, vivir en colectivo con la confianza en la legitimidad de las conductas.

¿Pero qué pasa cuando esa legitimidad de poder se transforma en “repúblicas corporativas” engañosas, demás autoritarias, disfrazadas de actitudes redentoras? Declinan constituciones, estatutos, cartas orgánicas, reglamentos etc. y todo queda a merced de la” inspiración”  de estos elegidos que, mediantes slogans remanidos y vacíos pretenden justificar su presencia autoritaria. Justificando situaciones de excepción subvierten la legalidad y la ley imponiendo en los demás el temor al castigo. Como nuestros ancestros cavernícolas, se alzan en voces intimidatorias y amenazantes; descalifican a sus críticos con calumnias propias de murmuradoras  de barrio, pero nada dicen de sus actos pues, al ser claramente ilícitos, son indefendibles. Solo les queda matar al mensajero.

La democracia no es inherente al hombre, no es un hecho natural, es un hecho cultural, es el resultado de muchos elementos que la van construyendo y perfeccionando, porque es un sistema perfectible. En ella se busca igualdad, pluralismo, libre competencia, límites de poder, respeto a la legalidad; sigue siendo la mejor y más nueva idea. Pero no está siendo respetada por una política que no responde al nivel  de calidad republicana y democrática de un régimen político correcto. “La sociedad que admite abiertamente la corrupción, no estalla, no se pulveriza, no se  fractura: se pudre irremediablemente” Carlos Floria, politólogo – 1929/2012.

Hugo Melián – Referente de Evolución Radical 25 de Mayo – Octubre de 2022.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.