Ernestina, el pueblo que asfaltó su calle principal para recibir al príncipe de Gales

Desde la antigua estación de tren nace la avenida San Martín, un bulevar de dos cuadras que sorprende por su aspecto señorial: salvando algunas lógicas distancias, no desentonaría, por ejemplo, en plena Recoleta porteña, o en algún rincón de París.

Pero estas dos cuadras que se lucen con un cantero central, una vistosa fuente y una sucesión de altas palmeras Phoenix Canariensis, que llegaron desde las islas Canarias a fines del siglo XIX, en la misma época en que se plantaban en la Plaza de Mayo, sorprenden aún más por su ubicación: en el pequeño pueblo de Ernestina, en el partido de 25 de Mayo, a casi 180 km de la ciudad de Buenos Aires.

En las veredas, entre naranjos que aportan color a las antiguas fachadas, se destaca la silueta del Teatro Argentino, la arcada de ingreso a lo enormes patios del antiguo colegio Enrique Keen y de la hermosa iglesia neogótica, inaugurada en 1912.

Y bajo la tierra y algunas hojas con las que juega la brisa asoman restos del asfalto -en realidad, brea y alquitrán- que llegaron a esta avenida previendo una visita ilustre, ya que en 1925 pasó por aquí el entonces Príncipe de Gales, luego rey del Reino Unido Eduardo VIII -de muy breve reinado-, en su viaje en tren hacia la estancia Huetel.

Al respecto, están los que sostienen que el hombre bajó y caminó por estas calles, y aquellos que dicen que en realidad nunca asomó sus narices del vagón.

“En realidad el príncipe nunca bajó en el pueblo; es un mito, una historia mal contada”, me cuenta derribando el mito el Dr. Fernando Terrizzano, que nació en Ernestina hace más de 80 años y conoce su historia posiblemente como nadie.Una foto de época. Ernestina vivió su época de esplendor entre 1925 y 1940. Foto Gentileza Dr. Fernando Terrizzano

Una foto de época. Ernestina vivió su época de esplendor entre 1925 y 1940. Foto Gentileza Dr. Fernando Terrizzano

“Según mi viejo, que en 1925 recién se instalaba aquí como el médico del pueblo, el príncipe pasó en el tren, pero… borracho; se sabe que pasaba gran parte del tiempo en ese estado”, agrega.

Y completa: “Sí es cierto que bajó en Huetel, la estación que estaba dentro de la estancia, desde donde mandó una foto en la que, montado en un caballo, saludaba al Dr. Keen, que era dueño de estas tierras. Pero en realidad nunca bajó en Ernestina”.

La estación -hoy comisaría- llegó a recibir hasta 4 trenes por día, dos de pasajeros y dos de carga. Foto Viajes

La estación -hoy comisaría- llegó a recibir hasta 4 trenes por día, dos de pasajeros y dos de carga. Foto Viajes

La iglesia, el colegio, el teatro, la estación de tren

Entre los muchos documentos históricos que atesora don Terrizzano -que en su propia casa tiene una “pulpería” donde se reúne con amigos- está el del censo de 1939, el año de su nacimiento, cuando estas estadísticas las llevaban los jefes de estación.

“El pueblo nunca sobrepasó los 200 y pico de habitantes, aunque con todos los chacareros de la zona, en su mejor épica eran unos 1.800 pobladores”, dice. ¿Hoy? “No pasamos de 120 o 130 en el pueblo, y en el campo ya quedaron muy pocos”.

Se considera que el pueblo Ernestina nació en 1896, porque fue la fecha en la que llegó el primer tren a la estación. Y se llamó así en honor a Ernestina Gándara Casares de Keen, esposa del fundador, Enrique Keen.

“Enrique Keen fue el pionero, y su hermano Jorge fue el que fundó el pueblo vecino de Pedernales, a 7 km”, cuenta Terrizzano. Y señala que una versión dice que los Keen eran ingleses; otra, que en realidad eran irlandeses pero se modificaron el apellido para no tener problemas al pasar por Inglaterra.

El Teatro Argentino, de 1938, tenía una acústica digna de un teatro lírico. Foto Viajes.

El Teatro Argentino, de 1938, tenía una acústica digna de un teatro lírico. Foto Viajes.

Lo cierto es que se instalaron en Buenos Aires con comercios y al poco tiempo recibieron estas tierras, que tenían la obligación de cultivar y poblar para, después de determinada cantidad de años, pasar a ser propietarios.

En 1925, 31 años después de la fundación del pueblo, llegó el Dr. Terrizzano, padre de Fernando, para hacer una suplencia reemplazando a un yerno de Keen que era médico. “Vino por 15 o 20 días, pero el médico falleció y mi viejo se quedó 42 años”, cuenta Fernando.El colegio pupilo Enrique Keen funcionó hasta la década de 1990, cuando la congregación de monjas que lo tenia a cargo se fue del pueblo. Foto viajes

El colegio pupilo Enrique Keen funcionó hasta la década de 1990, cuando la congregación de monjas que lo tenia a cargo se fue del pueblo. Foto viajes

Y cuenta también que la época de gloria del pueblo, al que llama “el más progresista de toda la zona” fue de 1925 o 26 hasta fines de la década de 1930, cuando en esta avenida se hacían grandes corsos, que llegaron a ser muy famosos y atraían a visitantes de todos los alrededores. La estación de trenes llegó a recibir hasta 4 servicios por día, dos de pasajeros y dos de carga

“Después hubo una colonización grande en Pedernales, a donde llegaron 50 o 60 familias, ese pueblo y creció mucho más”, detalla. Hoy Pedernales tiene cerca de 1.500 habitantes.

En los últimos años volvieron los corsos, con gran éxito: en la primera edición llegaron unas 1.500 personas; luego 2.500 y en la última, más de 3.000. Hasta que llegó la pandemia. Ahora el delegado municipal, que lleva el simpático apodo de “picaporte”, se ilusiona con el regreso.

Don Fernando Terrizzanoi en la "pulpería" que armó en su casa para reunirse con amigos. Foto viajes

Don Fernando Terrizzanoi en la “pulpería” que armó en su casa para reunirse con amigos. Foto viajes

La iglesia, el colegio, el teatro, la estación

Lo cierto es que Ernestina fue siendo atrapado por el abandono, y no se salvaron ni los tesoros de sus aquellos buenos viejos tiempos, que se concentran en las dos cuadras del bulevar San Martín: la iglesia neogótica de 1912 -que se puede visitar a cambio de una propina a chico que vive en la esquina y tiene la llave-, el enorme edificio del colegio pupilo Enrique Keen, cerrado desde que la congregación de monjas que lo tenía a su cargo se fue, en la década de 1990.

Y especialmente el Teatro Argentino, inaugurado en 1938 con 200 butacas, fosa para la orquesta, escalera para el apuntador y una acústica digna de un gran teatro lírico. “Tenía incluso siete telones, que con el tiempo se rompieron todos… me acuerdo porque yo iba al colegio y en las fiestas íbamos a bailar y recitar en el escenario”, recuerda don Fernando.

Y que el director de Turismo de 25 de Mayo, el actor Sergio “Pasta” Dioguardi, sueña con restaurar y reabrir al público. “Sería extraordinario, podríamos dar cine y traer obras de teatro al pueblo”, dice. 

En una de las ochavas frente a la estación, el cartel de venta cuelga en el edificio del que fue el almacén de ramos generales, y en la esquina opuesta está La Posta de Ernestina, restaurante y posada con cuatro habitaciones que ahora no están disponibles para el turismo.

Para alojarse solo hay un camping a orillas del río Salado, utilizado más que nada por amantes de la pesca; tiene un gran parque verde y piscinas.

Hubo planes de restaurar la iglesia, pero por ahora sigue igual. Foto Viajes

Hubo planes de restaurar la iglesia, pero por ahora sigue igual. Foto Viajes

A 800 metros de la abandonada estación de trenes Ernestina está el puente sobre el Salado: de la mitad para allá, ya es partido de Lobos. La ruta provincial 40 lleva a otros pueblos como Elvira, Carboni o Arévalo. Pero esa ya es otra historia.

MINIGUIA

Cómo llegar
Desde Buenos Aire son 177 km por autopista Ezeiza-Cañuelas, ruta 205 y ruta provincial 30. A la altura del paraje Forastieri, tomar camino de tierra a la derecha (8 km). Con lluvia, seguir 10 km más hasta empalmar con la RP 40 a la derecha.

Dónde alojarse
• Camping Ernestina: $ 250 por persona; menores, $ 150; autos, $ 250, carpa, $ 250, casa rodante, $ 700; cabaña para 4, $ 4.000, casa rodante del lugar, $ 3.000; dormies, $ 2.500.
• En Norberto de la Riestra (a 20 km), hotel boutique Roma: $ 3.400 la habitación doble con desayuno. Hotel La Casona, $ 1.500 con ventilador, $ 4.000 con aire acondicionado.

Crédito: Clarín Viajes

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